viernes, 25 de febrero de 2011

El mito de Gadafi en África


A los que llevan puesta la etiqueta de “revolucionarios” parece que se les perdona todo. O más bien se hace como que no se entera uno cuando oprimen al pueblo del que esa raza de dictadores suele decir que le ama y le necesita. Eso ha pasado con Gadafi durante muchos años. Como ha ocurrido con Ben Alí y Mubarak, el líder libio ha sido un dictador brutal al que se le ha perdonado todo: unos, porque en Libia encontraban petróleo a buen precio y hacían buenos negocios, y otros porque les atraía la retórica del hombre que desafiaba a Estados Unidos con su carácter “anti-imperialista”, otra etiqueta por la que mucha gente simplista se vuelve loca y por la que están dispuestas a dejar de hacer preguntas en caso de abusos contra el pueblo.

Haciendo gala de esos complejos de culpabilidad que los occidentales nos gusta sacar a flote de vez en cuando, durante estos días en que se desarrolla la revuelta contra Gadafi, oímos a muchos en países europeos, España incluida, entonar el “mea culpa” por cosas como haber vendido armas a Libia o por haber tratado a cuerpo de rey a un dictador que lleva en el poder desde que el chupa chups valía una peseta. Es lo que suele pasar: primero damos palmadas en la espalda a los déspotas y después, cuando están a punto de caer, nos arrimamos al sol que más calienta y condenamos lo que teníamos que haber condenado hace muchos años. Pero no quería yo hoy repetir lo que ya oímos todos los días, sino fijarme en el mito que durante muchos años se ha creado en África sobre Gadafi. Durante los 20 años que viví en Uganda, cada vez que el excéntrico mandatario libio se dejaba caer por el país se le recibía como el gran bienhechor del país, durante días y días no se hablaba de otra cosa y se le presentaba como el gran líder de la unidad africana, el libertador de los pueblos africanos del yugo neocolonialista, etc, etc.

Esto mismo ha pasado en bastantes países africanos, en los que la exaltación de la imagen del líder libio, que llegaba –cómo no- con su jaima y su enorme séquito que incluía sus amazonas guardaespaldas ha servido para que muchos otros dictadores africanos se sintieran alentados por su poderoso padrino en sus empeños de perpetuarse en el poder. A mí, personalmente, cada vez que este dictador era presentaba solemnemente como el gran campeón de la unidad africana, me entraba urticaria. Pensaba en las armas que dio a Idi Amin durante los años setenta, y gracias a las cuales el dictador ugandés pudo matar a medio millón de sus compatriotas. Pensaba en el apoyo que Gadafi dio a grupos rebeldes conocidos por su extrema brutalidad, como los de Liberia y Sierra Leona, durante los años 1990. ¿Unidad africana? No hay en África líder que haya hecho más por la división y el azuzamiento de conflictos que han matado a muchos miles de civiles africanos que Gadafi.

Pero parece que en África la gente tiene una memoria muy corta, y Gadafi –que sostuvo la guerra civil de Sierra Leona durante muchos años- cuando ha visitado este país después del conflicto ha sido recibido con todos los honores, alfombra roja incluida. Y lo mismo en Uganda, y en muchos otros países africanos. Por desgracia, no son sólo los líderes occidentales los que durante décadas han aplaudido a un dictador brutal. Muchos de los africanos tienen también su buena parte de culpa en haber sostenido a un déspota impresentable, tal vez por haberle mirado como un modelo al que hicieron todo lo posible por parecerse.

lunes, 21 de febrero de 2011

Descripción quasi-científica del blanco agorero



La especie humana sobre la cual voy a hablar hoy es, por desgracia, bastante frecuente en África. Quizás en Europa no resaltaran tanto, pero es que aquí, brillan por su color pálido, por su corrosivo tono de voz y por el profundo convencimiento acerca de las cuatro teorías que han construido desde que llegaron al país o la zona en cuestión. Encuentran un placer casi pecaminoso en traer a colación – a tiempo y a destiempo – su tema preferido: lo caótica, negativa, decadente y corrupta que es África.
No es que vayamos a negar que no haya elementos desafortunados y criticables (sólo hay que recorrer este blog para darse cuenta que en este tema lo tocamos hasta la saciedad y no barremos la mugrecita debajo de la alfombra) lo que de verdad me cuesta creer y más aún aceptar es que TODO sea negativo y hay que reconocer que tienen verdaderos problemas para ver el otro lado de la moneda. Lo peor es que este tipo de personas pone como contraposición del caos que ven cada día lo que pasa en el respectivo país originario y lo presenta como el obvio paradigma de lo correcto y lo ideal.
Tema estrella del blanco agorero: la corrupción en África. De acuerdo que la hay y a manos llenas, pero ¿acaso no hay en occidente?...pongamos algunos puntos sobre las íes: la corrupción occidental es más de guante blanco, no es tan artesanal y castiza como la del policía de ajado uniforme que pide sibilinamente una mordida porque apenas llega a final de mes y no tiene suficiente para pagar la escuela de sus hijos. La corrupción en su grado más sofisticado es mucho más de influencias, de pasteleo de trajes, joyas y putas caras, de recalificación de terrenos (ancha es Castilla, y mucho más ancha la Costa Brava, la del Sol y la de la Luz), de líneas presupuestarias medio encubiertas, de consultoras y asesorías para amigos y amigotes (o para hijas rumberas, ¿no, amigo Chaves?), de números de cuenta de banco que se pasan discretamente en un correo electrónico o transferencias a las Islas Caimán o los bancos helvéticos. Desgraciadamente, el blanco agorero no quiere ver que en todos los sitios cuecen habas, como si la pestilencia del terruño fuera mucho más higiénica y soportable que la foránea y “de color” que le ha tocado vivir. Él sigue en sus trece y echa su bilis contra todo bicho viviente. NA-DA le parece bien, nadie es lo suficientemente bueno ni lo suficientemente profesional como para medirse con sus habilidades personales o técnicas y, cuando se trata de condiciones de vida... entonces apaga y vámonos.
Recuerdo el caso (ésta era una blanca, no un blanco, a cada uno lo suyo) de una que llegó a trabajar a una región donde la infraestructura de tuberías y de depósitos sépticos era tan elemental que no había manera de encontrar servicios con los estándares que ella esperaba. Todo eran retretes de caduta libera que dicen los italianos, simples letrinas excavadas en el terreno que por lo menos eran efectivas para el contexto donde estábamos y evitaban satisfactoriamente problemas de salud y saneamiento. Pues bien, la blanca malasombra que nos ocupa no paró hasta conseguir que le enviaran desde la capital un servicio sanitario “como Dios manda”, con su cerámica blanca y reluciente, su depósito con flotador, su cadenita y su agua cantarina que se lleva toda la inmundicia y fluidos corporales en un pispás. El caso es que, como no había presión hidráulica alguna porque no había agua canalizada, el pobre muchacho que traía cada día el agua con el borrico tenía que subirse a una escalera para poder llenar el maldito depósito de agua instalado por encima de la cisterna de la señora, un ejercicio que en aquel particular contexto parecía completamente fuera de lugar, casi surrealista. No sé si la persona en cuestión se aventuró alguna a evacuar fuera de aquel sitio, tengo mis dudas; yo creo que cuando le dio un apretón hizo alarde de esfínteres y aguantó lo indecible hasta que finalmente pudo excretar en su inmaculado rincón. Así se las gastan estos elementos.
El blanco agorero no para, siempre tiene algo que decir y que criticar y, como se siente constantemente incomprendido al estar rodeado de seres inferiores que nunca hacen nada bien, tiene que buscarse a otros blancos que le comprendan en su triste destino y con ellos se desahogará a intervalos regulares, echando la pota dialéctica que tanto ardor le produce durante su sufrida jornada laboral. Este proceso tiene lugar con bastante frecuencia en bares frecuentados por expatriados de oenegés: lo mismo que hay gente que se dedica a criar barrigas cerveceras mientras tiran dardos contra una pared, otros se consuelan mutuamente criticando a todo el personal (local, se entiende), a una cultura cuya lengua no entienden ni papa y a todo quisqui que se atreva a no pensar o actuar como ellos. En estas animadas tertulias de los perdonavidas de turno, se oyen frases llenas de veteranía, rotundidad y conocimiento de causa, tales como “en mi vida he encontrado un negro honrado”, “fíate de ellos y ya verás lo que te pasa”, “beber y bailar, eso es todo lo que saben,” y otras lindezas por el estilo (omito las frases con connotaciones más obscenas o políticamente menos correctas). Para descargo de tan estresadas criaturas diré que los asertos más extremos son con frecuencia producto del empacho etílico: a las lenguas también las carga el diablo.
Como las ciencias avanzan que es una barbaridad, en estos últimos años el blanco agorero tiene su privilegiado desfogue digital por medio una página de facebook, en la cual sube las muchas fotos que va haciendo durante sus correrías, acompañándolas con pequeñas variaciones sobre el sempiterno y preferido lema de “mirad, qué primitivos, vagos e inútiles que son. Esto no hay quien lo arregle” De esta manera, pontifican e iluminan a sus amistades y parentelas y les dan una clase magistral de la titánica tarea que están llevando a cabo, enfrentándose día a día a los más temibles elementos.
Lo peor es que cuando me encuentro con este tipo de personas – o cuando no puedo evitarlos – y comienzan a largarme la esperada prédica, me dan unas ganas tremendas de mandarlos a tomar por donde amargan los pepinos. Me pregunto una y mil veces acerca del porqué de su presencia aquí si para empezar no aprecian mínimamente (ni muchos menos aman) a la gente para la que trabajan, no quieren ver los valores que se esconden en su entorno y por eso todo es buena razón para ponerlos chorreando a la primera de cambio. Me pregunto por qué no vuelven a sus países, donde tan bien se está, a esas arcadias felices (!) de donde han venido donde todo es perfecto y civilizado. En muchos casos, si aguantan el chaparrón en África no es por filantropía ni por idealismo, es por el sueldo que cobran, el cual tiene unos pluses mucho mayores que en la jauja occidental de donde son oriundos y posiblemente porque haciendo una labor “humanitaria” en el extranjero, en algunos países estarán exentos de pagar impuestos en casa. Por todo esto, aguantan carros y carretas y aprovechan que en estos países hay una gran carencia de mano de obra especializada para ciertos trabajos, por lo cual habrá que apencar y tragar lo que venga a la espera que amaine el temporal financiero y económico que amenaza a tantas economías.
Hasta que llegue ese dichoso día, los que estamos aquí y profesamos un mínimo amor por esta tierra tendremos que aguantarles lo más estoicamente posible y, digo yo, también de vez en cuando también tendremos derecho a que nos salte el automático y a pararles los pies. Al fin y al cabo, a pesar de lo truculenta, retrasada, perezosa y pobre que sea el África que estos tíos presentan, los africanos no han hecho nada para merecer a tales impresentables.
Alberto Eisman

jueves, 10 de febrero de 2011

Año Internacional de los Afrodescendientes


Este año 2011 ha sido declarado por Naciones Unidas como Año Internacional de los Afrodescendientes. Según la resolución adoptada el año pasado por la Asamblea General de la ONU, esta celebración tendría como objeto fortalecer las medidas nacionales y la cooperación regional e internacional en beneficio de los afrodescendientes, fomentar el pleno uso de sus derechos y promover un mayor respeto y conocimiento de su cultura.

¿A qué personas nos referimos? Aunque descendientes de africanos hay en todos los continentes, hablamos sobre todo de las personas descendientes de africanos que viven en América Latina, unos 130 millones de personas, equivalente al 35% de la población iberoamericana. Se les ha llamado afroamericanos, afrolatinos, negros… El término afrodescendientes es el que parece hoy más políticamente correcto y fue acuñado en Chile en 2000. En el fondo son todos eufemismos, porque hablamos de descendientes de esclavos.

Durante los últimos años muchas voces han llamado la atención sobre el hecho de que han sufrido discriminación en sus propios países. Hace pocos días tuvo lugar en la sede de la revista Mundo Negro un seminario sobre este tema, y en él escuchamos al doctor Guillermo Ponce, presidente de la federación de Afrohispanos, un médico cubano que reside en España desde 1997. Señaló que de 5000 parlamentarios que hay en toda A L sólo 50 son afrodescendientes. También dijo que sólo el 2% de los negros en Colombia van a la Universidad. Según el doctor Ponce, en muchos países de América Latina entre los negros hay tasas más elevadas de analfabetismo, haymás población reclusa y menor representación en cargos políticos. No han falta do incluso casos de gobiernos que no han reconocido su presencia, como ocurrió en Argentina hace algunos años con el presidente Carlos Ménem, quien llegó a decir: “En Argentina no hay negros. Aquí no tenemos ese problema”.

Hay porcentajes desiguales. Se calcula que representan un 30% de la población de Cuba, 60% de la de Brasil, 5% en Honduras. Hay países donde son mayoría, como es el caso de Haití, y también de la República Dominicana, aunque en este último país durante varias décadas en la época de Trujillo (años 30 a 60) se luchó contra la inmigración de haitianos ya que se quería “blanquear” la población.

Ha habido avances significativos en los últimos años. Por ejemplo, algunos gobiernos de América Latina tienen secretarías de Estado para velar por los derechos de poblaciones indígenas y afrodescendientes. Y en Brasil tienen un ministerio de igualdad racial.

Pero no se trata sólo de hablar de exigir derechos, sino también de reconocer las aportaciones valiosas que estas poblaciones han hecho a la historia de Iberoamérica. No podemos olvidar a figuras pasadas y contemporáneas como San Martín de Porres, el poeta Nicolás Guillén, Bob Marley o el jugador de fútbol Pelé. En el español que se habla allí hay palabras de origen africano, y han quedado vestigios de religiosidad africana en realidades culturales como el candomblé y la santería cubana. Tampoco se puede olvidar que los libertadores de América Latina lucharon con soldados negros para conseguir las independencias. Cuando éstas llegaron había disminuido la población negra, porque muchos murieron en el campo de batalla.

martes, 1 de febrero de 2011

Africa. No critiquen, por favor, aquí hay petróleo


Es una pena, pero la explotación del petróleo en los principales países africanos exportadores de esta valiosa materia prima no suele corresponderse con una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del país afraciado. En esto he vuelto a pensar cuanto, hace pocos días, Amnistía Internacional y la ONG Amigos de la Tierra acusaron a la compañía anglo-holandesa Shell de causar daños irreparables al medio ambiente en el sur de Nigeria, donde la petrolera opera desde hace 50 años. Según ambas organizaciones, Shell lleva mucho tiempo enmascarando datos para atribuir todas las fugas de crudo a acciones violentas de sabotage. Amnistía Internacional y Amigos de la Tierra han denunciado estos actos a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el organismo que agrupa a los países más ricos del mundo. Esta denuncia ha sido también objeto de debate en el parlamento holandés.

En esta denuncia se enumeran los perjuicios causados en la zona del Delta del Níger,a donde opera la Shell. Se detalla, por ejemplo, que el agua de esta región está tan contaminada que ya no se puede beber, ni se puede pescar, y las tierras agrícolas y para pasto se han quedado inutilizables.

Nigeria es el octavo país exportador de petróleo. Según su ministro de energía, John Odey, durante los últimos cuatro años se han registrado por lo menos 3.000 fugas de crudo. Shell, que durante los años 1990 había admitido su responsabilidad en numerosos casos de polución del medio ambiente, sostiene ahora que estas fugas son debidas a actos de sabotage. La ley de Nigeria establece que en estos casos las compañías petroleras no tienen que pagar ningún tipo de indemnización. Pero el informe de Amnistía Internacional y Amigos de la Tierra acusa a la Shell de presentar datos falsos para mostrar que el 98% de las fugas de petróleo han sido causadas por grupos incontrolados. El director de Amnistía Internacional para asuntos internacionales, Audrey Gaughran, ha puesto, además, en tela de juicio la independencia de las investigaciones que se realizan cuando hay estas fugas de crudo.

La Shell, por su parte, ha refutado estas acusaciones, y ha señalado que desde 1996 en todos los casos de fugas ha habido investigaciones independientes en las que han participado miembros del ministerio de energía y de las comunidades que viven en las zonas de explotación. Pero el director de Amigos de la Tierra en Nigeria, Nnimmo Bassey ha dicho que esta ONG realiza seguimientos regulares cada vez que hay casos de fugas y que sus propios datos contradicen la versión de la Shell.

Otro informe publicado casi al mismo tiempo ha salido de Human Rights Watch. Esta ONG norteamericana afirma que los principales países productores de petróleo en África se libran de las críticas de la comunidad internacional en materia de derechos humanos, a pesar de que en muchos de ellos tiene lugar una corrupción endémica y prácticas represivas. Human Rights Watch cita partiicularmente los casos de Nigeria y Angola, países que rivalizan por el primer puesto en la lista de productores de crudo en el continente. Ambos producen alrededor de dos millones de barriles de crudo al día.

Según Human Rights Watch, en Angola reina una corrupción endémica y durante los últimos años cada vez se respetan menos derechos fundamentales como la libertad de expresión y de información. En Nigeria hay abusos generalizados por parte de la policía y muchos de los ingresos por el petróleo acaban en bolsillos de autoridades locales y nacionales. A pesar de esto, ambos países, dice la ONG, no suelen ser objeto de críticas por parte de países occidentales para proteger sus intereses comerciales. Se cita también el caso de Guinea Ecuatorial, donde según el informe « reinan la corrupción, la pobreza y la represión ». En el caso de este país Washington se ha contentado con tomar algunas medidas pero sin presionar mucho. Human Rights Watch concluye diciendo que la comunidad internacional no debería renunciar a sus principios democráticos por motivos económicos.